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miércoles, 7 de febrero de 2018

Su Majestad: Rey(na) de los Héroes. Capítulo 27: La doliente.

Día 1 después de la primera aparición de la Brigada 731.

-Déjame ver si entendí bien: después de todo este discurso de casi…- Frank miró su reloj de muñeca y recordó la última hora que le vio.- … treinta y cinco minutos, lo que me quieres pedir es que te deje salir a ti y a la nueva chica que va a ser la asistente general para pasar la noche juntos ¿cierto?-
-Sí, señor.- dijo Deino un poco avergonzado. Además de que no había tomado consciencia del tiempo que le había tomado explicar su petición, o mejor dicho, balbucear y divagar.
-¿Por qué lo haría? ¿Por qué debería dejarlos pasar la noche fuera? Dame una buena razón.- el líder de Ouroboros miraba de forma desafiante al muchacho, y aunque éste sentía un escalofrío recorrer todo su cuerpo, se tranquilizó y lo disimuló perfectamente.
-Señor… yo la quiero.- tomó aire y suspiró.- Hoy en la mañana cuando fuimos a dar un paseo y alejado de todos me dijo que tendría que encerrarme para que nadie se sintiera tentado con el material precioso que voy a crear, y con la guerra que se avecina, sé que no podré verla en un tiempo. Por eso le pido que nos autorice salir sólo por esta noche, quiero enseñarle también lo que usted me enseñó a mí la primera vez que me encontró, la vez que había huido de mi comunidad y estaba malherido, aquella que con sus dones me curó. Quiero que Kae aprenda a ver el mundo con los mismos ojos que nosotros, Maestro.-

Deino miró al mayor de los Martínez con ojos húmedos, le suplicó haciendo uso y gala de aquellos iris grisáceos.
-Esa no es una razón lo suficientemente buena, Deino. Eso es un capricho.- respondió el líder con indiferencia.
-¿Maestro…?- Deino se sintió derrotado y dejó caer sus hombros.
-Pero lo acepto. A pesar de lo que sucedió esta mañana respecto al correctivo que te proporcioné, confío en ti y en tu capacidad de juzgar a la gente. No es algo que haga con frecuencia, así que espero que sepas lo que conlleva, es una responsabilidad que necesita ser apreciada.- el chico sintió una punzada en el estómago y un nudo en su garganta. Estaba profundamente agradecido con Frank por haberlo acogido cuando nadie más lo había hecho, y traicionarlo le hacía sentir como el ser más inmundo de la faz terrestre. Tal vez si hubiera habido más tiempo habría tratado de convencer a su líder de que su causa era errada y tratar de salvarlo del destino que él mismo estaba eligiendo, pero no lo había y el chico tendría que vivir con esa culpa hasta la culminación de lo que se avecinaba.
-Muchas gracias, Maestro. Por su permiso, y más que nada por su confianza. Sólo quiero que sepa… que le quiero, Señor.- las palabras del chico fueron tremendamente sinceras, Frank esbozó una muy leve sonrisa y sacudió la cabeza.
-Anda, ve por la chica y váyanse de una vez, así tendrán más tiempo.- el chico se sonrió, asintió y se volteó a paso rápido para salir de la oficina principal.- ¡Deino! Antes de que te vayas, sólo prométeme que no la dejarás preñada.- el rostro del chico pasó por todos los colores e hizo un frenético movimiento de cabeza negando aquella posibilidad.
……………………………………………….

-¿Qué te dijo?- preguntó Kae, un tanto nerviosa.
-Nos podemos ir.- el chico le sonrió.- ¿Tienes la carta?-
-Sí, la terminé de escribir hace un momento.-
-Entonces vamos. Tú guías, princesa.-
…………………………………………………


Día 2 después de la primera aparición de la Brigada 731.

Todo mundo podía dar crédito de que Agnes Joubert era extremadamente visceral cuando se trataba de la cobertura mediática de un evento, le importaba poco la seguridad de su personal (e inclusive la de ella misma) mientras se llegara a cubrir la nota en cuestión; sin embargo desde aquel día que Vaako Kovalevskaya le había mencionado como ‘Marié’, invirtió la polaridad de su osadía para convertirla en precaución. Preparó la sala de juntas principal de Hero TV y todo ese piso para que estuviera libre de conexiones: no cables, no cámaras, no teléfonos, no transmisores de muñeca reglamentarios ni nada que funcionara con electricidad a excepción de la iluminación. Sería por lo menos el único lugar en donde podrían planear un contraataque sin ser escuchados, y aun así, el tiempo se les acababa. De alguna manera los héroes se sentían en una posición más segura en Hero TV, por lo que habían pasado la noche ahí.

-¿Y qué se supone que haremos?- preguntó Karina, viendo con zozobra una de las diez urnas donde reposaban las cenizas de las víctimas de la Brigada 731 del día anterior.
-Tranquila, todo estará bien.- dijo PaoLin intentando reconfortar a la heroína del hielo. Ella misma sentía tanto o más temor que su amiga, pero intentaba disimularlo con intención de ser fuerte para sus colegas.
-Tiene razón, Karina. Saldremos de esto.- dijo Nathan mientras pasaba un brazo por detrás de la espalda de la chica, reconfortándola igualmente. Antonio se acercó cauteloso al héroe de fuego, al querer juntar su cuerpo a él e intentar tomarle por la cintura, Nate se sacudió con disgusto y soltó disimuladamente a Karina para darse media vuelta e irse.- No me toques, Antonio.- El héroe toro le siguió hasta la habitación próxima, fuera de la sala principal de Hero TV.
-Nathan, tenemos que hablar.- dijo Tonio acompañado de un pesado suspiro.
-Pues no quiero hablar contigo. Dijiste lo que tenías que decir y fue bastante claro.- respondió dándole la espalda, con lágrimas en los ojos y coraje en la voz, contemplando la vista matutina de la ciudad desde una ventana.
-No me hagas esto, no quería que esto llegara tan lejos pero no pude evitarlo. No sé por qué me aterra estar atado a alguien, y además… con un hombre.- dijo Antonio cabizbajo, inmediatamente después tomó conciencia de lo dicho y se arrepintió de sus palabras. Se supone que intentaba arreglar las cosas con el héroe de fuego y ahora, tan sólo con una frase lo había arruinado todo. Pensaba que hablar directamente desde el corazón haría todo más sincero y auténtico, pero en aquel momento concluyó que debió pensar antes de hablar, elegir cuidadosamente cada palabra, pero ya era tarde. Sintió un nudo en el estómago.
-¿Qué quisiste decir con ‘un hombre’?- el héroe de fuego volteó bruscamente, evidentemente ofendido con el comentario del moreno.- ¿Ahora te importa lo que digan los demás? ¡Claro! ¡Estás tan ensimismado con tu postura de macho que esa basura de ‘miedo al compromiso’ justifica que te avergüenza que ser visto conmigo!- le reclamaba, no tanto con enojo sino con decepción. Nunca pensó que Antonio podía llegar a ser tan tradicionalmente cerrado al nuevo avance social. Su mente empezó a divagar en un instante; si Tonio realmente era cuadrado en ese aspecto o tenía sus preferencias tan claras como proclamaba, ¿entonces por qué se habían involucrado en más de una ocasión? Y con la misma reciprocidad de solicitudes. ¿Qué estaba pasando?
-No mentí, Nathan. Realmente no estoy preparado para establecer algo formal. Pero te mentiría si te dijera no tiene que ver… Nunca había estado con un hombre. Entiende, vengo de una cultura muy conservadora en estos aspectos y me siento confundido al sentirme seducido por ti.-
-¿Sabes qué? Tienes razón, fue mi culpa.- bramó Nate, se acercó al rostro de Antonio con desafío en su andar, limpiándose las lágrimas en una mueca furiosa.
-Yo no dije que fuera tu culpa…- rezongó Antonio, desesperado de no poder tomar el control de la conversación.
-Al parecer sí, eso estás diciendo. Que fui yo quien te sedujo, aunque te recuerdo que siempre tuviste la opción de decir “No” o “Hasta aquí”.-
-Nathan, espera…-
-Ya no tendrás que preocuparte por eso, no estaré ahí para ti y que dejar que experimentes conmigo si te acomoda alguna de tus estúpidas etiquetas de sexualidad. Así que te prometo que seré el menor de tus problemas, porque a diferencia tuya, yo sé lo que quiero; y definitivamente no quiero esto. Yo soy hombre de palabra, un hombre orgulloso de lo que es… Un hombre gay orgulloso de ser quién es.-

……

Kotetsu se encontraba sentado en una de las esquinas de la sala principal de Hero TV, con una mano sosteniendo su rostro en una pose de reflexión y la mirada perdida, mirando las diez urnas sobre expedientes con fotografías de los suicidas (recordando la decisión unánime de cremar los cuerpos para no traumatizar a los desafortunados familiares con aquellos cuerpos mutilados); aún sin saber a ciencia cierta cómo fue que murieron las nueve personas que se alimentaron de la décima, Saito y Halsey se encontraban trabajando sin parar en sus laboratorios para intentar dar con la respuesta.
El día estaba lluvioso, las nubes grises sabían que en un día como aquel no debían dejar brillar al sol. Kotetsu perdía poco a poco lo que tanto atesoraba, aquello que hacía que se levantara cada día, la razón por la que desafió la desidia de los héroes… perdía la esperanza de que Kaede estuviera a salvo. Confiaba plenamente en su hija, y Yuri Petrov le había dado razones de sobra para que también confiara en él; sin embargo, algo en el fondo de su ser le repetía constantemente que la batalla estaba perdida desde mucho antes de iniciar. Las palabras de su madre retumbaban en su mente, pero también las propias palabras del tigre; ‘no puedo sacrificar a nadie’… qué peso tenían ahora. ¿Kaede era un precio que estaría dispuesto a pagar por el bien de millones de personas? ¡Por supuesto que no! ¿Millones de personas serían el precio a pagar por la supervivencia de su hija? Con el enemigo que tenían en la puerta… ahora no sonaba tan descabellado.
-¿Kotetsu? ¿Estás bien?- la semi pelirroja se acercó con cautela y calidez en su voz, el tigre se espabiló un poco.
-Oh, Annie… sí, estoy bien, gracias. ¿Qué tal tú?- la falsa y mal disimulada voz de Kotetsu dejó en evidencia el malestar que sentía.
-Yo estoy tan bien como la situación me lo permite, pero tú no suenas tan seguro de ello.- respondió la chica con una sonrisa triste en el rostro, preocupada por su colega héroe. Él suspiró.
-Siéndote sincero, he estado teniendo problemas para dormir… veo el rostro de mi pequeña y me siento tan distante e impotente.- se formó un nudo en la boca del estómago del tigre, la chica se sentó justo a su lado y tomó una de las manos del hombre.
-Escucha, sé que no puedo decir o hacer mucho al respecto justo ahora. Pero tienes mi palabra, Kotetsu. Si es necesario, mi vida por la de ella. Te lo prometo.- el moreno levantó el rostro, sorprendido por la certeza de las palabras de la mujer.
-Anaksha, no tienes que prometerme semejante cosa… jamás te lo pediría.-
-Lo sé, pero aunque digas que no, siempre estaré en deuda contigo. La causa a la que me debo fue porque me permitiste existir el día en el que me salvaste. No dudaré dar mi vida si la situación lo demanda, y lo haré con gusto si es por ayudarte.-
El tigre no supo qué más decir, sin embargo, aunque de su voz no se emitió palabra alguna, sus ojos dijeron todo lo que tenía que decir, Anaksha lo comprendió y con una leve sonrisa, se levantó y se marchó junto al amor de su vida, el Príncipe de la Gravedad Errante que la esperaba del otro lado del salón. La chica caminaba en dirección contraria a Barnaby, cruzaron brevemente una gentil mirada acompañada de una amable sonrisa, y cada quien siguió hacia su correspondiente pareja.

Barnaby empezaba a sentirse desesperado por no poder encontrar una salida al problema que les acechaba, intentaba calcular con objetividad cada posibilidad, pero al mismo tiempo también se le ocurría una o más razones por las cuales sus soluciones terminarían en desastre; era difícil de por sí la amenaza de Ouroboros y sus paramilitares de la Brigada 731, pero lo hacía aún más complicado saber que la hija de su pareja, la que en estricto sentido era su propia hijastra, estuviera fungiendo como doble agente exponiéndose al peligro más de cerca que incluso ellos mismos. Barnaby tenía miedo.
Sin embargo sabía que esos sentimientos tenía que guardarlos para él mismo, en ese mismo instante, él era el pilar de fortaleza principal de Kotetsu y tenía que comportarse como tal. Sabía que debería ser fuerte para aquel hombre que había descifrado cómo ocupar un lugar en su vida y en su corazón, y no podía permitirse decepcionarlo. El rubio tomó asiento junto al tigre y pasó uno de sus brazos por detrás de su espalda para confortarlo.
-¿Cómo te sientes?- preguntó Bunny, con una mirada penetrante que analizaba cada micro expresión del moreno.
-Mi hija…- a Kotetsu se le quebró la voz, sus ojos se enrojecieron y de ellos salieron algunas discretas lágrimas.- ¿Qué pasará si la descubren? Con las comunicaciones interceptadas… teléfonos, cámaras, internet entero... no se podrá arriesgar, ya no podré verla hasta que acabemos con todo esto. Si es que siquiera tenemos la oportunidad de enfrentarnos a ellos.-
-Lo lograremos.-
-Según el chico Deino, nos superan casi cien a uno, ¿Cómo se supone que lo haremos?- rezongó el tigre, mirando con una expresión aún más intensa y desafiante a Barnaby. El rubio sintió un escalofrío, pero dejó salir un pequeño suspiro y tomó las manos de Kotetsu.
-Juntos.-
………..

-Agnes… creo que ya fue suficiente de lloriqueos. ¿Cuál es el plan?- preguntó un extremadamente ansioso Ryan a la castaña que entraba a paso furioso.
-Estuve toda la noche revisando si habría algún punto de acceso en las comunicaciones, los técnicos apenas acabaron de correr el diagnóstico, pero todo sigue igual… no hay ni una sola manera de comunicar con el exterior. Intenté pedir refuerzos a la Liga Americana de Héroes, pero estamos completamente aislados.- resoplo desesperada y molesta de no poder hallar una oportunidad.
-Podré sonar anticuado, pero se me ocurre una idea…- una voz se hizo sonar desde el fondo de la habitación, los tintes de sus palabras ya no sonaban deprimidos, sino llenos de fortaleza.
-Justo ahora, hay que considerar todo lo que se nos pueda ocurrir. Soy toda oídos, Kotetsu.-
-Todas las bases de datos y las búsquedas que hagamos en ellas, la Brigada lo puede detectar y detener porque es digital ¿cierto?- la castaña asintió.- Entonces busquemos en donde no puedan intervenir.-
-Toda la información la tienen controlada, no nos dejan acceder a ningún expediente. No entiendo a qué te refieres…-
-Archivos físicos.- añadió Barnaby, sorprendido por no haberlo pensado antes.- Si tenemos bases de datos en digital, seguro que también existen en físico.-
-Es una broma, ¿cierto?- preguntó Joubert, soltando una pequeña risa, tajante en sarcasmo. Los presentes la miraron con evidente confusión.- En el archivo muerto hay más de cuatrocientos mil expedientes, no tenemos el tiempo de revisar cada carpeta. Chicos, vamos contrarreloj, si no hacemos algo pronto… hoy también habrá diez cadáveres.- a cada quien se le enfrió el corazón de escuchar aquello, tan sólo pensar que tenían a la Brigada tras de ellos y que las nuevas víctimas podrían ser algún conocido o familiar, el estómago se les revolvía.
-No tenemos que revisar cada expediente, sólo hay que filtrar los que nos sean útiles.- añadió Kotetsu, sacudiéndose un poco la incomodidad, intentando mantenerse objetivo.
-¿Cómo sabremos?- preguntó PaoLin.
-No había registro de Ouroboros en general en los archivos de Hero TV, Maverick mantuvo la organización oculta del radar. Cuando Jake Martínez la hizo pública, se empezaron a generar reportes de la organización, aunque sólo considerábamos la estructura en la que la tenía Jake y sus esbirros. Por lo tanto no tenemos mucha información de Ouroboros, mucho menos de la Brigada ni de sus integrantes.- respondió Agnes, recordando el contenido del expediente de la organización.
-Aun así deberá haber un registro de estos sujetos en alguna parte…- resopló la joven Lyle.
-Usualmente las personas que forman parte de algún grupo criminal, se unen sólo cuando ya tienen experiencia en delitos anteriores. Si los de la Brigada 731 siguen el mismo protocolo, entonces estará registrado en algún expediente, de un caso o similar.- Barnaby se acomodó los anteojos en señal de concentración. Agnes asintió y continuó con aquella idea que iba tomando forma.
-Ya que nosotros no tenemos nada de esa información, y tratándose de NEXTs que operan para una organización criminal de carácter mundial, sólo queda una opción: Los archivos de la Interpol.-
-¿Tenemos acceso a ese tipo de recursos?- preguntó Anaksha, llena de incredulidad.
-Ese es otro problema. La Oficina de Justicia nunca nos autorizó esa información.- rezongó Agnes de manera irritada.
-¿Por qué?- demandaba saber Ryan, molesto.
-No les pareció necesario, si nosotros atrapábamos a los malos, era trabajo más que suficiente. Aunque tal vez si conseguimos que el Juez Petrov nos autorice los recursos…- a todos les pareció buena idea, menos a quienes sabían de la otra personalidad del juez en cuestión. Entre menos arriesgaran su fachada de civil, más tiempo comprarían para ellos mismos y todos los involucrados en el asunto lo entendieron perfectamente.
-No podemos hacer eso, tenemos que encontrar otra manera.- dijo Tiger con rapidez, cortando de tajo la idea que se estuvieran formulando en ese momento.
-Kotetsu, sé que has tenido problemas con él, ¿pero de verdad te parece un buen momento para mencionarlo?- Agnes se fastidió sobremanera, pensando que el pasado lleno de cortes, citatorios y multas tuviera esa importancia ahora.
-No es por eso.- intervino Barnaby.- Por favor, no pregunten por la razón, no podemos molestar al Juez con este asunto. Sé que no tiene sentido ahora, pero de verdad necesito que confíen en nosotros en esto.- al ver a Ryan y Anaksha asentir, los demás héroes hicieron lo propio sintiéndose confundidos, pero confiando ciegamente en sus amigos. Sus razones tendrían, y si ahora no era buen momento de traer explicaciones, luego sería. Agnes hizo lo mismo, suspirando con pesadez.
-De acuerdo… ¿Se les ocurre una mejor idea?-
-¿En qué lugar están estos expedientes en físico?- preguntó Keith, rompiendo el silencio que hasta ahora mantenía.
-En el único lugar al que no podemos entrar sin consentimiento del gobierno: La base militar de Sternbild.-
-Si no podemos conseguir la autorización del Juez de Justicia, deberemos escalar en la cadena de mando.- añadió Anaksha, elucubrando ya un plan en su mente.- Tendremos que visitar al Secretario de la Defensa, el General Chester Autieri. Dijo que colaboraría con nosotros, y menuda forma en que lo hará.-
-¿Cómo planeas que vayamos hasta allá y le pidamos los expedientes? La base está llena de cámaras y micrófonos que se alimentan de una fuente de energía externa que no pueden interrumpir, así como nos hicieron a nosotros con lo del circo, nos descubrirán en cuanto digamos una palabra.- preguntó la castaña.
-Sólo hay que decir las palabras adecuadas.- añadió la semi pelirroja y se sonrió un poco.
-¿Tienes un plan, cierto?- preguntó con cierta seguridad en sus palabras el Príncipe de la Gravedad, la Leona Siniestra sólo asintió.
………………

-Muy bien ¿tienen dudas?- preguntó Anaksha al mismo tiempo que se acomodaba la chaqueta, disponiéndose a salir junto a su novio, Kotetsu, Barnaby y Agnes.
-Yo tengo una pregunta.- dijo Antonio un poco molesto.- ¿Por qué nosotros nos tenemos que quedar?-
-Porque si algo sale mal en el plan y la Brigada nos descubre, ustedes son la única línea de defensa de la ciudad en caso de un ataque.- bramó Agnes, sorprendida de que no llegaran a esa conclusión antes. Los demás héroes entendieron y asintieron, era algo muy probable tratándose de una movida tan arriesgada como la que estaban a punto de intentar.
Kotetsu tomó la perilla de la puerta, pero al momento de girarla se abrió estrepitosamente dejando a entrar a un par de consternados científicos. Saito y Halsey vieron a los héroes y con la mirada les indicaron que cerraran la puerta tras de sí.
-Tenemos los resultados.- dijo Halsey con una expresión amarga.- Esto es… muy triste.- todos tomaron asiento en torno a la mesa ovalada de la sala, justo en donde reposaban las diez urnas.
::Comparamos el tejido de la persona… ‘incompleta’.:: Saito tragó saliva al decir esto último, recordando la perturbadora imagen del cadáver devorado:: Había una sustancia dentro de su torrente sanguíneo y composición dermal que nos resultó particularmente familiar.::
-Era la misma sustancia que extraje de Sky High el día del incidente en la mansión Goldsmith.-
-Al grano, doctores.- Agnes parecía desesperada por la respuesta, incluso perturbada.
-Encontramos la misma sustancia dentro de las muestras gastrointestinales y hepáticas de las otras nueve víctimas.-
::Por lo que la teoría más viable y probable hasta ahora es que la primera persona muriera por efectos del veneno, y los demás…::
-¿Por comer carne contaminada?- preguntó Barnaby con horror, a lo que los científicos asintieron.- Esa fue la razón de que Agnes y yo los encontráramos en posición fetal, las contracciones de dolor les terminaron matando.- nadie podía creerse lo que se estaba diciendo en aquel momento, parecía tan irreal, tan sacado de una película de terror.
-¿Pero cómo es que la gente se está volviendo loca? Comiéndose unas a otras, colgándose de techos, cortándose el cuello… ¿Qué pasa?- preguntó Ivan, evidentemente consternado, a lo que Keith colocó uno de sus brazos alrededor de éste.
-Antes de la incineración, tomamos algunas tomografías e hicimos simulaciones neuronales para intentar dar con la causa del suicidio colectivo. Las reproducciones arrojaron que el mismo proceso neuronal de estas personas, también lo tuvieron las que colgaban del edificio el día de ayer, así como el artista del circo.-
::También podemos concluir que de alguna manera fueron influenciadas a quitarse la vida, neuronalmente hablando, no estaban conscientes de lo que hacían; creemos que es obra de un NEXT. Corrimos la misma simulación en un modelo encefálico NEXT y no tiene el mismo efecto debido a las células evolutivas, por lo que suponemos que no tiene efecto en seres de esta categoría, así que ustedes deberían estar a salvo de esta situación.::
-Perdóneme si no me siento más tranquila.- bramó Agnes, nerviosa. Respiró profundamente un par de veces y se forzó a espabilarse.- Buen trabajo, doctores. Chicos, andando, no tenemos tiempo que perder.-
-¿Estás bien, Agnes?- preguntó Nathan, se levantó de su asiento y tomó la mano de la mujer.
-Mientras más rápido terminemos con esto, lo estaré.- agradecía el consuelo con una mirada llena de suavidad.
-Pues andando.- finalizó Kotetsu y atravesó la puerta a paso firme.

jueves, 28 de septiembre de 2017

Gakupo x Kaito. Nuestra Aventura: NOTA AL 28/09/2017 ..::IMPORTANTE::..

Hola, mis niños ♥

Me he dado una vuelta por este viejo escrito y me percaté de que estaba incompleto en algunas partes :O

Por lo que en esta ocasión les comparto el siguiente link para que puedan descargar el PDF completo del fic.
[ https://drive.google.com/open?id=0B_dXdgJIBlv6R29reHVzOHdYRDQ ]

También, ahí subiré el PDF de 'Su Majestad: Rey(na) de los héroes' cuando lo termine, así que si no lo han leído, ¡VAYAN AHORA A LEERLO! Jajaja

También les dejo mi correo, por si se les ofrece xD:
skarskull.official@gmail.com

Los quiero, bebés ♥

Vayan a por su aventura.

martes, 26 de septiembre de 2017

Su Majestad: Rey(na) de los Héroes. Capítulo 26: La carne de sus pecados.

Día 1 después de la primera aparición de la Brigada 731.

-… a quien deberías de odiar es a mí por meterlos a una guerra que al principio no era suya, pero por favor… te necesito.- Kotetsu vio a los ojos del rubio con esperanza y comprensión, Ryan soltó un pesado suspiro y asintió después de unos segundos.
-De acuerdo, viejo, tú ganas. Pero si este asunto se vuelve demasiado peligroso, ella se retira ¿Está claro?-
-Está claro que no. Ya habíamos hablado de esto, Ryan.- interrumpió Anaksha con particular molestia en su voz, callando la respuesta que fuera a salir de los labios del moreno.
-Annie, por favor… entiende. Esto no es a lo que la Primera Liga se debería de enfrentar.- decía el príncipe de la gravedad errante, con esperanza de hacer a la semi pelirroja hacer comprender sus razones. La chica suavizó sus expresiones y se hincó para quedar a la altura del rubio, quien hasta hace un par de minutos seguía sobre el pasto del jardín asestando golpes varios a su compañero de Apollon Media; limpió con su dedo un poco de la sangre que escurría del labio de su novio y le tomó del rostro.
-Pero es para esto para lo que deberíamos estar preparados… juré mi vida a esto.-
-También juraste permanecer a mi lado.- al rubio se le quebró la voz.- Estar juntos toda una vida…-
-¿A qué vida aspiramos, mi amor, si sólo nos quedamos aquí sentados a esperar cuando la Brigada entre por nuestra puerta y nos asesine? Estoy consciente de que esto aumentará las posibilidades de morir más rápido, pero no puedo quedarme sentada viendo cómo la gente a la que juré proteger es exterminada por aquellos fanáticos religiosos. Si tengo que morir, así será. Pero si caigo yo, medio Ouroboros caerá conmigo. También sé que te hice una promesa, una que pienso cumplir el resto de mi vida; y es por eso por lo que voy a luchar, por una vida digna contigo, no una donde sólo pueda sobrevivir llena de incertidumbre.- dijo la chica de los ojos púrpura y acto seguido dio a su novio uno de los más sinceros besos que haya dado jamás.

-Ivan… ¿quieres hacer esto?- preguntó el monarca al zorro albino, éste se le quedó viendo con una expresión llena de incertidumbre.
-Claro que quiero, quiero luchar por esto. Ya sea larga o corta, pero una vida digna vale esta lucha… ¿o es que acaso tu no piensas igual?- los ojos de Ivan se llenaron de un sentimiento de preocupación; el Rey le devolvió la mirada llena de calma y serenidad. Le tomó por el rostro y le dio un pequeño beso en los labios.
-Por supuesto que pienso igual, incluso sé que no podría haberlo dicho mejor: Si mi vida es larga o corta será digna, pero temo por ti… eres lo más importante que pudiera perder.- Keith le tomó por los hombros y lo abrazó posesivamente, mientras su rostro reflejaba una muy imperceptible tensión de estrés, sus ojos soltaron unas cuantas lágrimas al imaginarse al águila sin su zorro.
-Keith, yo…- decía el joven cuando sus labios se vieron ocupados al estar atendiendo los del monarca, quien le había robado un beso en un pequeño descuido; los brazos de Ivan se aferraron a la espalda del Rey y de sus ojos también brotaron algunas lágrimas.
-… ¿chicos?- preguntó Karina con algo de extrañeza en su voz y una expresión incrédula. Los demás héroes se habían congelado al ver la escena, no sabían qué decir o cómo reaccionar.- ¿Ustedes también?- el rostro de Ivan adoptó el mismo color que un tomate.
-¿Alguna otra cosa que hayan olvidado mencionar?- preguntó Antonio, confundido al igual que el resto.
-¡Tú no puedes decir nada, Tonio!- reprochó Karina.- No sé qué asuntos llevas con Nate, pero se puede notar que van por el mismo camino.- el héroe de fuego respingó sobresaltado, soltando de momento el brazo del moreno que hasta ahora abrazaba.
-¡Whoa! A ver si entiendo… ¿Keith e Ivan están saliendo? ¿Y tú y Nathan igual?- preguntó incrédulo Kotetsu a su amigo moreno.
-No estamos saliendo…- respondió el toro, cabizbajo.
-¿No lo estamos?- preguntó Nate, sintió como si algo dentro de él se hubiera roto.- ¿Y entonces qué era lo que querías decirme ayer en el espectáculo?-
-No quería que llegásemos a esto, Nate…-
-¿No querías? ¿De verdad? Si sabías que yo iba en serio… ¡¿por qué no me detuviste?!- los ojos del héroe de fuego empezaron a aguar.
-¡Fue lo que intenté decirte! ¡No hubo oportunidad! No estoy listo, Nate…- el toro se pasó una mano por la cabeza, intentando despejarse un poco. No sabía que ver llorar al otro le produjera tanto malestar.- El compromiso… me aterra todo en este momento, por favor, compréndeme.-
-¡Chicos! De verdad, odio tener que ser inoportuno justo ahora, pero necesitamos concentrarnos en lo que nos está pisando los talones. ¿Creen que puedan hablar de esto después?- interrumpió Kotetsu, sintiéndose un poco mal por hacerlo.
-Está bien, Tiger. Yo ya no tengo nada más que decir.- bramó Nathan, mientras se secaba las últimas lágrimas y su expresión se tornaba dura; el toro sólo soltó un pesado suspiro y no volvió a mirar al otro a los ojos.
Todos se enfriaron, intentando comprender y digerir lo que se había dicho, sin embargo sabían que debían espabilarse un poco y concentrarse en cómo derrotar al enemigo; salieron de la mansión de los Goldsmith-Kjolsrud para dirigirse a Hero TV donde Barnaby y Agnes los esperaban, y vaya que la tensión podía palparse en el aire durante el trayecto.
…………………………………………………….

Ocho.
Había ocho cadáveres en el centro de la solitaria avenida.
La gente no quería salir desde lo sucedido la noche anterior, por eso ninguna persona había gritado o avisado de la macabra y sangrienta escena; sin embargo, ahí había ocho cadáveres de hombres y mujeres alrededor de lo que parecían ser restos de una novena persona. Barnaby y Agnes no tenían la menor idea de lo que había sucedido en aquel lugar, pero estaban decididos a saber aun cuando no quisieran dada la naturaleza del acto.
-Quédate aquí y cuida de Mary Rose, iré a ver qué sucedió.- susurró el rubio desde la relativa seguridad del callejón trasero del edificio de Hero TV, haciendo levemente para atrás a Agnes con su brazo derecho mientras se cercioraba que la calle estuviese vacía.
-Claro que no, Barnaby. Iré contigo.- dijo Agnes en el mismo tono de voz, con esa seguridad característica de ella, aunque también estaba profundamente asustada; momentos antes se había asegurado de que Orlando atendiera a su subordinada. El conejo ciertamente no quería exponer a la mujer a ningún peligro, pero también sabía que era inútil tratar de convencerla de lo contrario a lo que ella quería, así que sólo suspiró.
-Pero si hay algún peligro quiero que corras y regreses lo más rápido que te sea posible. ¿De acuerdo? Y eso no lo voy a negociar.-
-… de acuerdo.- la castaña asintió, se colocó por detrás del héroe y salieron del callejón.

El día estaba frío y gris, la niebla bajaba al pavimento cubriéndolo con una fina capa de sí misma y el cantar de los pajarillos no sonaba hermoso, sino perturbador; Barnaby y Agnes con el rubio por delante caminaron entre dos de los cadáveres, intentando analizar y mantenerse lo más objetivos posibles. Los ocho cuerpos tenían en sus rostros una expresión amarga y varios de ellos adoptaron posición fetal mientras que los demás habían fallecido con los brazos alrededor de sus vientres, y justo por el medio de todos, el noveno cuerpo… ya no se le podía llamar tal; había sangre color marrón que manchaba la superficie de manera sucia y salvaje, y por lo único que podrían saber que se trataba de un humano era por un hueso fémur y la parte baja de la mandíbula que reposaban sobre lo que parecía ser carne desgarrada. No había nada más, era abrumador… aterrador de ver, y sin embargo se hicieron de valor para hacer esa sensación de lado y analizar lo más objetivamente posible. El rubio sintió un escalofrío recorrer su espina, el olor a decadencia inundó su olfato y de la nada se intensificó el nudo de su estómago, a pesar de la naturaleza de la situación supo que algo iba terriblemente mal.

-¿Doctor Saito? ¿Me escucha?- preguntó el conejo mientras trataba de establecer comunicación con su brazalete, queriendo comunicarse con un especialista, esperanzado de que sus terribles sospechas se quedaran sólo en eso.
-Estamos incomunicados, Barnaby.- reprochó Agnes. -¿Qué pasa?-
-Es que esto no es normal…-
-¿Y qué lo es justo ahora? ¡Tan sólo observa en dónde estamos parados! Justo a un lado de alguien completamente destazado y quién sabe por qué.- la castaña recogió su cabello en señal de desesperación. La esencia de muerte y decrepitud inundaba el área media de su rostro y si no vomitaba, estaba segura que estaría a punto de desmayarse.
-Sólo… fíjate en sus posiciones. Todos se concentran en su parte central, como si tuvieran una especie de dolor de estómago.- Agnes pasó su mirada fugazmente, más por obligación que por otra cosa. Si ver ocho cadáveres ya era impactante, ver esa mezcla de huesos, carne y sangre era ciertamente de terror… la vista, el olor, qué zozobra.
-¿Habrán sido ellos...? ¿La Brigada?- preguntó temerosa.
-No lo sé, pero si tan sólo pud…- Barnaby dejó de hablar repentinamente al fijar sus ojos sobre uno de los cuerpos y con la mirada casi desorbitada se inclinó para mover ligeramente la cabeza del occiso.- ... mira sus bocas.- entonces la castaña miró y logró notar lo que el rubio vio con horror en esos ojos verdes… la misma tonalidad de sangre que había alrededor de la carne y los huesos del noveno pintaba también los labios y barbillas de los ocho finados. Retrocedió un poco, empezó a llorar sordamente casi paralizada del miedo al caer en cuenta del contexto de la situación.- Ellos… se lo comieron.-
-... por cada día…-
-¿Escuchaste eso?- Agnes hizo una pausa a su agitada respiración e irguió la cabeza, intentando escuchar con claridad la tenue voz que creyó oír.
-Sí… lo escuché.- contestó Barnaby, levantándose alerta de cualquier peligro.
-... por cada día…-
-¡Ahí está de nuevo!- exclamó Agnes, el rubio hizo una seña para que bajara la voz y empezó a buscar vestigios de alguien por donde provenía el sonido de la voz. Volvió a hacer una seña a la castaña para que ahora guardase silencio.
-¿Estás bien? ¿Cuál es tu nombre?- preguntó sin obtener respuesta.- ¿Puedes venir con nosotros? Te pondremos a salvo.- decía el rubio, esperando a que el origen de la voz revelara su posición.
-... por cada día…- una joven pelirroja de aproximadamente 17 años salió de entre las sombras del callejón contiguo, caminaba muy lento hacia el conejo, cabizbaja y las manos ligeramente levantadas en cuencas, como si rogara a una deidad.
-Regresa al edificio y prepara una sala de juntas. Voy a hacerle un pequeño interrogatorio.- susurró el rubio a la mujer mientras mantenía fija su vista en la joven que poco a poco se acercaba a él.
-No voy a dejarte solo, Barnaby…- reprochó la castaña quien tampoco dejaba de ver a la chica.- Además… hay algo en ella…-
-... por cada día…-
-... algo que no me termina de convencer.- la castaña dio un par de pasos hacia atrás.
-Sí, algo está definitivamente mal.-
-... por cada día…- la joven se detuvo repentinamente a la mitad del camino y bajó un poco más su cabeza.
-¿Te encuentras bien? ¿Te lastimaron?- preguntó cálidamente el conejo, aunque al mismo tiempo con cautela. Ahora era él quien se acercaba con recelo.
-Barnaby… mira sus manos…- dijo la castaña con horror en su mirada. El rubio fijó su vista y con ayuda de la luz pudo notar que la punta de los dedos de la chica estaban rebosantes en la misma sangre marrón de los restos.
-... por cada día de resistencia... diez de nosotros moriremos.- dijo finalmente y la joven se desvaneció suavemente, cayendo de costado sobre el piso nebuloso. Barnaby corrió para auxiliarla, la tomó entre sus brazos y retiró el cabello de su rostro. La chica de ojos grandes y cansados tenía manchado el mentón y los labios al igual que los otros cadáveres, entonces supo que ella también se había alimentado del noveno.
-¡Hey! ¿Me escuchas?- dijo mientras tomaba su rostro y lo sacudía con moderada brusquedad intentando hacer que la chica reaccionara. Ésta abrió ligeramente sus ojos y habló en un tono de voz apenas audible, expulsando aquel aire vital de sus pulmones una última vez.
-... y se obligarán a que sea su última cena… porque un impuro se convierte en hereje cuando prueba la carne de su hermano… conozcan a su creador ahora…-
…………………………………………………….

-Maestro, he traído a Lunatic.- decía Jason con una leve sonrisa asomándose entre sus duros rasgos, abriendo la puerta del despacho principal en el tercer nivel de las instalaciones subterráneas de Ouroboros. Yuri entró en su habitual traje, sólo usando la máscara para no perder el respeto de los demás militantes mientras atravesaban El Vínculo. El hombre castaño le empujó bruscamente hacia el interior de la oficina haciendo que el vigilante trastabillara de manera breve, éste se irguió y habló con una voz profunda pero suave y cordial a la vez:
-Por favor, no me vuelvas a tocar. Ten un poco de clase, esto no es una pelea de bar.- la leve sonrisa del castaño se volvió una mueca de ira, viéndoselo dispuesto a asestar un golpe completo.
-Jason, por favor. Contrólate.- indicó el líder de Ouroboros, Frank Martínez, la mueca de ira de Keyes se hizo más obvia, sin embargo hizo lo que se le indicó. Lunatic se retiró la máscara al estar en la privacidad de los pilares de la organización y la reclinó sobre el escritorio del moreno de los ojos color oro.- Explícame una cosa, Yuri. Jason dijo que te vio abandonar la casa de Wild Tiger hoy en la mañana. Me conoces, sabes que usualmente dejo que la evidencia hable por sí misma, pero dada tu posición, me encantaría escuchar tu versión.- decía Frank con un tono de voz un tanto sarcástico o escéptico, había una mezcla de emociones en su voz en aquel momento.
Yuri vio directamente a los dorados ojos del moreno, con determinación, después volteó a los ojos de Jason detrás de su líder, con la mirada más oscura que se le hubiera visto, profundamente molesto e irritado.
-Te guste o no, tengo que seguir con mis deberes jurídicos. Dado el historial de citatorios de Kotetsu T. Kaburagi en la Cámara de Justicia, me veo obligado a visitarlo en su domicilio cada semana para un exhaustivo análisis de facultades; hago un reporte que consiste en evaluar si está capacitado para seguir fungiendo como servidor público. Estoy tan ansioso como tú para dejar de hacerlo y si el plan sigue su curso, ésta fue la última visita.- bramó dirigiéndose al castaño. No era la primera vez que Jason le seguía, siempre había estado consciente de la sombra que le antecedía, sin embargo esta fue la primera vez que había bajado la guardia y guiado al enemigo a la puerta de los aliados, y eso le molestaba sobremanera.- No me levantes acusaciones si no tienes fundamentos con qué sustentarlas.- El castaño hizo una mueca y apretó los dientes, borrándose así la expresión burlona que hasta ahora sostenía.

-¿Lo ves, Jason? ¿No te lo dije? Yuri jamás nos traicionaría, él es fiel a nuestra causa desde hace casi veinte años. Enviando las almas con Thanatos desde antes de conocer nuestros planes.- exclamó Frank aliviado y soltó un suspiro al finalizar, una sonrisa se escapó de sus labios y se recargó en su respaldo. Volteó a ver a su primer asistente con una mirada expectante, exhortándolo sin palabras; Keyes soltó aire, pesadamente y mal disimulado.
-Te pido una disculpa, Lunatic.- la hipocresía en sus palabras era obvia, pero por ahora era lo mejor que podía ofrecer.- Seguro entenderás que dada tu relación con los héroes, me fue casi imposible no sospechar.-
-Lo entiendo, Jason.- dijo con un gesto soberbio mientras se acomodaba la corbata, se colocó su máscara y se puso de pie.- Sin embargo lo que yo te pido, es que ya sea a mí o a cualquier otro NEXT bajo el yugo de Frank, no se le vuelva a levantar una acusación sin evidencia. Eso es tan humano y mundano, estamos por encima de esto.- Petrov notó una sonrisa más obvia por parte del líder de Ouroboros.
-Estoy de acuerdo. No podemos permitir que esos comportamientos humanos trasciendan a la nueva era. Por el momento sólo quedas advertido, pero quien cometa esta falta de nuevo, seas tú o alguno de mis militantes, sufrirá las consecuencias. ¿Está claro?- el castaño asintió, derrotado ante las palabras de su líder y furibundo para con el primer oficial.
-De acuerdo, si me disculpas, Frank, tengo que regresar a la Oficina de Justicia, todos están un poco paranoicos por allá. Si consigo información útil, te lo haré saber de inmediato.- Martínez asintió con agradecimiento mientras Yuri se daba media vuelta y salía del despacho principal.

-… debes llenar estos formatos todos los días y entregarlo al Control de Almacén a las dos en punto.- Lunatic escuchó una voz familiar cerca de él y al asomar la cabeza pudo ver a Deino señalando unos papeles sobre su tabla, explicando cada detalle de los mismos.
-¿Y el formato de lavandería va para Joseph, cierto?- Yuri distinguió otra voz particularmente conocida.
-Así es. ¿Ves? Lo harás bien, sólo es cuestión de tener todo el papeleo a tiempo.- sonrió el platinado.
-¿Deino?- preguntó Yuri a lo que entraba a la oficina en donde estaba el muchacho y, para su sorpresa, Kaede.- ¿Qué haces aquí, Kae? No tienes permitido el acceso al tercer nivel, si te ven por aquí, te castigarán.- Si Yuri no tuviera la máscara puesta, los chicos habrían visto cómo empalidecía a pesar de su tono natural de piel, sólo de pensar el escarmiento de la chica.
-Kae se hará cargo de mis deberes ahora, Lunatic.- decía el chico con una sonrisa triste.
-¿Y qué harán contigo?- preguntó el vigilante con escepticismo, al ver que los chicos no dijeron palabra alguna y se miraron cabizbajos, Yuri asintió.- Vamos afuera.-


-¿Por qué no dijiste nada, Deino?- preguntó molesto el Juez, tan sólo imaginar la presión a la que Frank quería someter al chico.
-Usted debería saberlo, si me negaba con cualquier excusa, la muerte o el exilio eran mis opciones. Y sabe cómo acaban los exiliados.-
-Deino, ¿acaso sabes el origen de tus poderes?- el vigilante se dirigió al muchacho, tomándolo del hombro, intentando reconfortarlo a su manera.
-Son de nacimiento, señor.-
-Me refiero a que si tienes idea qué es lo que potencia a tus células NEXT a darte las habilidades que tienes.- el chico negó con la cabeza, a lo que Yuri le explicó.- En los archivos que se recuperaron de la base Sword leí sobre la clasificación de tus poderes, Deino. La capacidad que tienes de crear naturaleza se debe a que en efecto, tienes una conexión con el núcleo de la tierra; este núcleo te permite malear las moléculas en la atmósfera para crear lo mismo que él, en pequeñas cantidades. Sin embargo, para crear minerales, como los son piedras y metales, la atmósfera de la superficie no es lo suficientemente apta para eso. Mencionaste que cada vez que creas metales y piedras experimentas mucha fatiga y dolor en cierto punto, eso se debe a que los minerales que faltan en la atmósfera… se compensan con los de tu esqueleto. Cada vez que creas algo así, degeneras la composición mineral de tu sistema óseo para completar la de tu resultado final.-
-Entonces no estaba tan equivocado cuando pensé que a la larga me mataría… ¿cierto?-
-¡Tenemos que hacer algo! Frank lo matará antes de que los Héroes puedan hacer algo.- exclamó Kaede, demandando una respuesta del vigilante.
-No temas, princesa. Le pediré cada día al Maestro que me sane para no sufrir daños. Por cierto, acabo de recordar que los formatos que dejamos sobre el escritorio se tienen que archivar. ¿Te importaría hacerlo? Iré contigo en un momento.- la chica miró al platinado con incertidumbre, pero al final asintió y caminó rápidamente hacia El Vínculo.

-Deino, sabes que Frank nunca sana a un NEXT más de una vez, y contigo lo hizo cuando te encontró.-
-Lo sé… una vez dijo usted que sin Kaede era imposible ganar esta guerra. Sé que muchas veces mi bonhomía me impide ver las cosas como realmente son, pero nunca he visto más claro algo en mi vida. Amo a Kaede, amo su valor, amo el brillo de esperanza en sus ojos, y sé que ella está enamorada de mí, no sé si tanto como yo. Lo que sí sé, es que si se distrae conmigo, perderemos antes de que la verdadera batalla comience… la Brigada 731 ya está sobre los héroes, y necesitan todo el apoyo que se les pueda brindar.- Lunatic infló el pecho al escuchar las palabras del chico, conmovido por la valentía y las razones que lo orillaban a querer sacrificarse, no tanto por la humanidad en sí, sino por la hija de Wild Tiger.- Por cierto, ¿recuerdas la mujer que proveía a la organización? Su nombre es Anick Lomawien.-
-Entonces parece que tenemos al enemigo más cerca de lo que creíamos.- Deino lo miró confundido.- Es la CEO de la Corporación SkullBunny, jefa de Anaksha Kjolsrud. El problema será advertirles de esto, Jason me ha estado siguiendo y ya sospecha de mí, hará lo que sea para buscar pruebas que me delaten, y no puedo llamar a los héroes porque la Brigada 731 tiene intervenidas todas las comunicaciones.-
-No las postales ¿o sí?- Deino miró a Yuri con cierta complicidad, esbozando una pequeña sonrisa.
-¿Una carta, sugieres? El servicio postal no funciona desde la aparición de la Brigada, y no podré acercarme a la casa de ningún héroe sin que Jason esté molestando.-
-Usted no, pero tal vez yo pueda. Dejaré la carta en el buzón de Wild Tiger, y para asegurarnos que tomen la información como verdadera, Kaede la escribirá, reconocerán la caligrafía de inmediato. Convenceré al Maestro de que me deje pasar la noche con ella antes de que me encierren e iremos a dejar la carta.- Deino notó la incertidumbre del vigilante, aun cuando éste tenía la máscara puesta.- Por favor, Lunatic. Será lo último que pueda hacer.-
-Es un buen plan… Deino, no dejaré que te conviertas en un mártir. Tienes mi palabra, haré todo lo posible para sacarte de ese encierro lo más rápido que pueda. Pero tienes que prometerme algo a cambio.-
-¿Qué cosa?-

-Resiste.-

viernes, 2 de junio de 2017

Los tres crisantemos dorados. - One Shot.

Hola, shabos locos :v
YA SÉ QUE NO HE ACABADO EL TAIBANI PERO ESTOY EN ELLO, LO JURO XD
Peeero, les comparto una historia que hice para una tarea de la Universidad, espero les guste.

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-¡Yo no lo hice! ¡Por favor!- gritó la joven Angyalka mientras luchaba contra el agarre de los proclamados Centinelas Imperiales.
-¿Niegas entonces haber cortado tres crisantemos del jardín del Emperador?- preguntó con desdén otro de los centinelas. La chica bajó la cabeza mientras una lágrima se deslizaba sobre su mejilla, incapaz de mentir.- Eso pensé. Llévensela, tendrá un justo juicio por su atroz crimen.-

La madre naturaleza guarda muchas sorpresas, y la que más tomó desprevenida a la humanidad fue lo que por mucho tiempo los entonces llamados “fanáticos ecologistas”, difundían como la “Teoría Gaia”. Ésta predecía el más terrible y monstruoso desastre natural jamás habido; tsunamis que sobrepasaban al rascacielos más alto, terremotos tan violentos que se abrirían brechas kilométricas entre los suelos, ciclones, monzones, tornados, tormentas, todo al mismo tiempo; la tierra se curaría a sí misma de la más grande y destructiva plaga: los seres humanos.
Muchos pensaron que el día no llegaría, y que si lo hacía sería en un futuro más lejano. Sin embargo, en el año de 2020 cuando la humanidad se encontraba al borde de la tercera guerra mundial y la naturaleza había absorbido la mayoría del daño colateral, fue entonces que sucedió. El desastre natural más atroz que alguna vez se hubiera visto; edificios desprendidos del suelo como si de flores se tratase, megaestructuras despedazadas cual papel, ciudades inundadas, pueblos arrasados, países deshechos. Para 2022 que volvió a hacerse un censo mundial se descubrió el aterrador precio: 93% de la población mundial había perecido en el siniestro; aquel día, la humanidad recibió un triste recordatorio: El de que vivían con miedo de la verdadera fuerza de la naturaleza y hundidos en la deshonra de haber sido quienes desataron la furia de la misma.
Desde entonces, la población, dedicó todo esfuerzo a reconstruir causando el menor daño posible, cuidando cada recurso utilizado, designando áreas de vivienda específicas, prohibiendo a toda costa la violencia hacia la madre naturaleza: La nueva deidad del 7% de gente restante.
Un nuevo orden se había establecido y para el año 2030, el autoproclamado Emperador de la Coalición Gaia era el principal predicador de la Teoría homónima, la pasión que desprendía al hablar sobre el castigo de “Gaia” (refiriéndose a la tierra con el nombre griego de la diosa de la tierra) convencía a sus seguidores, quienes habían sido sobrevivientes del castigo supremo y ahora dedicarían su vida entera a retribuir y agradecer haber sido de los “elegidos” para continuar viviendo de la diosa.

-”Aquí viene el sol…”- dijo el juez Corvo a los presentes en la audiencia, desde el centro y lo alto de su silla en el Magisterio de Justicia.
-”… la estrella más brillante de todas.”- respondieron absolutamente todas las personas en la sala.
-Y que Gaia nos juzgue, hermanos.- dijo con una sonrisa y tomó asiento. Su expresión se endureció y miró fijamente a la chica, que permanecía de pie en el centro del salón, sintiendo cómo las miradas de los espectadores alrededor la juzgaban cruelmente.- Ibolya Angyalka, el día de hoy se encuentra en este tribunal acusada de violencia contra la Gaia, además de que profanó el sagrado jardín del Emperador, en donde mantiene conexiones espirituales con la diosa misma. Se le acusa de haber arrancado cruelmente y sin consideración alguna hacia la Gaia o sus colegas sobrevivientes humanos, tres crisantemos dorados.- el público de la audiencia se exaltó ante la declaración del juez.
-No tengo nada que alegar en mi defensa, Señor. A nadie le importa las razones por las que lo hice, sólo importa mi crimen… ¡esto no es un juicio, esto es una proclamación de sentencia!- Angyalka soltaba lágrimas al analizar las palabras que habían salido de su boca, sin embargo, eran ciertas. Los crímenes contra la Gaia nunca tenían un verdadero juicio, sólo una condena, y su caso no sería la excepción.
-Señorita Angyalka, en eso concordamos todos. Ningún ser humano puede permitirse el lujo de dañar a la Madre Suprema de nuevo, no podemos después de que la Gaia nos permitió sobrevivir. Sus acciones podrían desencadenar otro castigo supremo. Perderemos el sueño y pasaremos hambre si es necesario, pero la humanidad es escasa ahora, y si no respetamos los deseos de la Madre Suprema, nos recordará lo débiles que somos bajo su yugo. ¿Entiende?- el juez Corvo tenía un semblante dulce, como si estuviera explicándole algo a un niño pequeño.
-Si mi castigo es la muerte, como imagino que será… ¿puedo ver a mi madre una última vez?- preguntó la chica, con la voz quebrada pero la frente en alto.
-De acuerdo. Ibolya Angyalka, se le condena a muerte por el crimen de violencia contra la Gaia. Su ejecución será programada para mañana al amanecer. Como lo solicita, podrá ver una vez más a su madre, dos centinelas imperiales la escoltarán durante el trayecto y deberá volver a su celda antes de la puesta de sol para esperar su ejecución. Es todo, se levanta la sesión y que Gaia nos juzgue, hermanos.-

-¿Mamá? ¿Tienes hambre? ¿Quieres comer algo?- decía la joven mientras acariciaba el cabello de su anciana madre, blanco como la nieve y suave como la seda.
-¡Oh, Angyalka! ¡Has vuelto!- exclamó con una entusiasmada pero débil voz, abría los ojos poco a poco, recuperándose del profundo sueño en el que se encontraba mientras su hija tocaba su frente.
-Veo que la fiebre desapareció, el té de crisantemos hizo lo suyo. Duerme un poco más y estarás como nueva, Yo tengo que irme, mamá.-
-¿Volverás pronto?- Angyalka ahogó sus lágrimas y depositó un beso en la frente arrugada de su madre, quien volvía a quedarse profundamente dormida. La chica se incorporó y salió donde los Centinelas Imperiales la esperaban.

El tiempo que transcurrió entre la puesta de sol y el amanecer fue mucho más corto de lo que Ibolya Angyalka esperaba.
La soga que el verdugo apretaba alrededor de su cuello era aún más suave de lo que Ibolya Angyalka esperaba.
La silla desde donde estaba de pie estaba más cerca del piso de lo que Ibolya Angyalka esperaba.
El amanecer se veía aún más hermoso de lo que Ibolya Angyalka esperaba.
Sonó una campana, y el dolor que experimentó fue más gentil de lo que Ibolya Angyalka esperaba.

‘Y en voz alta contarán hasta diez. Aquí viene el sol, la estrella más brillante de todas…”

martes, 31 de enero de 2017

Sabe como el suicidio. (Relato corto)

Una de las cosas que me caracteriza, es que tengo sueños MUY extraños.
Sólo quise publicar este en particular por las sensaciones tan reales que me hizo tener.
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Era de noche. No habían dado ni las diez cuando el frío nocturno y el cielo carente de calidez nos envolvieron en su manto, sin embargo dejé que fueran las sábanas y los tres cobertores los que realmente me abrazaran y conservaran mi calor dentro de mi lecho. Repasaba cada borde de cada sombra que mi limitada vista me permitía apreciar, la ausencia de color se extendió un poco más con cada minuto que transcurría; y cuando me volví a fijar ya no era de noche, el día era gris y yo seguía recostada, aunque en una cama que no era la mía, ni siquiera era yo realmente. Lo más alarmante de la situación fue la naturalidad con la que acepté que mi cuerpo femenino de casi veintiún años de edad lo había reemplazado uno infantil de máximo ocho años, un cuerpo delicado, de piel perlada y pálida, suave y tersa… y masculino. 
El lugar a mi alrededor me era bastante conocido, la estructura me resultaba totalmente familiar. El departamento de mi abuela, sin embargo, las paredes eran blancas y con el ambiente del día, éstas también adoptaron un color grisáceo de manera provisional. 
Caminé del cuarto, cruzando el pasillo que llevaba a la sala y vi a una persona que sabía que era mi hermano, aunque al mismo tiempo no lo conocía de nada. Tenía un tono de piel similar al mío, su cabello era rubio, pero no tan claro como el que yo lucía; su mirada se clavó en la mía, no dijimos palabra alguna, pero aquello me hizo cobrar consciencia de que no llevaba prendas encima. Me giré para regresar, invitándolo sólo con mis movimientos a que me siguiera, y lo hizo. Caminé por el pasillo y cuando doblé para entrar al cuarto de donde había salido, volví a cruzar la longitud del pasillo, logré encontrar el cuarto y entré. Subí a la cama y en la cabecera, justo por detrás abrí una ventana que medía lo mismo que yo y me senté en el filo, viendo hacia el interior; afuera, cuatro pisos abajo, la gente empezaba a juntarse por debajo para ver la escena, impulsados por el morbo. Este hombre entró, con semblante tranquilo a pesar de verme sentado en donde estaba; se acercó a mí y lo miré con una sonrisa. El viento entraba gentilmente por los bordes de la ventana, por donde mi pequeño cuerpo no le estorbaba para colarse dentro de la habitación.
Yo quería hacerlo. Lo iba a hacer. Nadie me iba a detener. Cerré los ojos y me apoyé en un inexistente respaldo, preparando mi mente para recibir el concreto durante un breve momento. Escuché mis huesos quebrarse, aún con los ojos cerrados los pude ver a todos observándome sin decir nada al respecto, mientras mi sangre llenaba y corría a través de las grietas del pavimento. Me relajé.
Abrí los ojos, sentado al filo de la ventana, mi hermano me miraba sonriéndome de manera triste. Yo le devolví la misma expresión. Me vi al espejo que estaba cruzando la habitación, y ahí estaba, una visión casi angelical en un cuerpo igual de bendito, mejillas rosadas y ojos grandes. Toqué el rostro del hombre y me volví a dejar caer, pero ahora una mano me tomó por la espalda y me devolvió al interior del cuarto, me envolvió entre sus brazos, cargándome pecho a pecho. Su sonrisa triste desapareció muy lentamente y se tornó en una mirada lasciva, y ahí recordé porqué lo hice la primera vez.
Quería separarme de él, pero al mismo tiempo no quería pelear, así que dejé que me siguiera penetrando hasta el cansancio; sabe como el suicidio, una dulce muerte que no quiero negarme. Sabíamos ambos que sus embestidas me estaban matando, pero él estaba nublado de juicio y yo no me quejaba, sino que al contrario, lo estaba disfrutando. Yo quería morir al final del día, de una manera u otra. Otra vez. Y las veces que fueran necesarias, que el cuerpo casi angelical y bendito estaba corrupto.
Su culminación también fue mi despedida, me sonreí porque ahora había muerto de verdad. O eso creía, porque cuando abrí los ojos, me encontraba sentado al borde de la ventana; mi mente sentía desesperación, pero no pude transmitir nada, sólo volví a sonreírle triste y me dejé caer nuevamente. Esta vez sólo me hice daño, no podía mover ningún músculo de mi cuerpo, pero estaba vivo… vivo para sentir como él volvía a asesinarme como en la segunda ocasión, pero ahora rodeados de toda la gente en las calles, viendo la escena con desaprobación, quejándose de aquello, pero morbosamente disfrutando de mi martirio.
La vida me abandonó de nuevo, y de nuevo esperé que no regresara a mí.
Y no lo hizo, no regresó, pero pude ver que en cada ocasión, mi cuerpo inerte y sin vida era profanado con actos bárbaros; cada orificio del cuerpo infantil que me perteneció era penetrado con maldad, lujuria y perversión, ni la sangre, huesos, o que después de unas horas ya no tenía ni siquiera forma humana fueron impedimentos para dejar de provocarle excitación al hombre. Y su excitación se convirtió en la mía. Me gustaba ver mi cuerpo destrozado, porque me di cuenta de que ya no era mi cuerpo infantil, sino el mío, el verdadero. Mi cuerpo femenino de casi veintiún años. Y eso me excitó aún más. Sintiendo mi verdadero cuerpo siendo ultrajado.
Y después obscuridad. Mis ojos se abrían lentamente y mis manos se estiraron buscando la fuente de la melodía que resonaba, haciéndome volver a la realidad. Donde toqué mi muy vivo cuerpo, sin heridas. Las seis de la mañana marcaba el reloj. Me levanté del lecho y me dispuse a ser.

jueves, 17 de noviembre de 2016

Su Majestad: Rey(na) de los Héroes. Capítulo 25: Confín.

Día 1 después de la primera aparición de la Brigada 731.

-¡¿Está bien?! No me ha respondido las llamadas… ¡No te quedes ahí nada más! ¡Respóndeme!-
-Guarde la calma, señor Kaburagi. Ella está a salvo, pero si no hacemos algo pronto, nadie lo estará.- decía Yuri, con mucha calma mientras bajaba la taza de té que le había sido ofrecida por Barnaby minutos antes.
La sala de la morada del héroe veterano se sentía abrumadora y deprimente; a decir verdad no era para menos, apenas una noche anterior la recién anunciada Brigada 731 había sido responsable de once asesinatos confirmados, cuarenta y dos heridos directos y quien sabe cuántos muertos y convalecientes más de manera indirecta, Wild Tiger estaba más que preocupado ya que su hija no había contestado el teléfono cuando aquel hombre cometió suicidio en televisión nacional, o cuando le hicieron lo mismo a las diez personas cerca del corporativo de Hero TV… niños entre las víctimas.
-¿Pero por qué no me ha llamado?- preguntó el moreno dejando caer los hombros con desesperación.
-Tenemos una muy fuerte sospecha de que uno de los miembros de la Brigada 731 tiene el poder para hackear cualquier dispositivo electrónico, es por eso que vine directamente a hablar con ustedes, las comunicaciones ya no son seguras; les puedo asegurar que fueron ellos los responsables de que la transmisión de ayer no fuera interrumpida, y por lo que me han comentado, también puedo decir que hackearon sus señales y por eso saben tanto de todos, tienen acceso a todo lo que esté digitalizado.-
-Si es así la situación, habrá que advertir a Agnes y los demás lo más pronto posible.- dijo Barnaby con una expresión bastante amarga, después guardó silencio por unos segundos y agregó.- Ahora sólo podemos valernos de nuestra voz y esperar que no estemos siendo vigilados.- Yuri asintió.
-Eviten a toda costa usar dispositivos electrónicos de comunicación, nada es seguro. Si me permiten una sugerencia…- el juez alzó la mirada en busca de aprobación para continuar su idea, cosa que obtuvo de ambos héroes.- …sería apropiado que alguno de ustedes fuera al corporativo de Hero TV e hiciera saber esto a Agnes Joubert y al equipo a su cargo, y que el otro vaya a buscar a los demás héroes de la Primera Liga para ponerlos al tanto de la situación. Vamos contrarreloj, tendrán que planear algo y rápido, aunque tienen toda nuestra cooperación hasta donde nos sea posible de brindar, las buenas intenciones no nos bastarán para derrotar al enemigo.- ambos asintieron rápidamente.
-Kotetsu, tú ve a buscar a los demás, yo iré a las oficinas para dar aviso lo antes posible y tal vez armar una estrategia con Agnes y el equipo.- dijo Barnaby mientras se ponía de pie.- Tú tienes mejor poder de convencimiento y yo puedo ser de más utilidad allá; Yuri… ¿qué puedo hacer para dar aviso a la central y que no luzca como si alguien nos hubiera advertido? Quisiera proteger tu fachada lo más que nos sea posible.-  el peliblanco hizo una reverencia bastante pronunciada, agradecido profundamente por aquel gesto, que si bien era conveniente para Brooks y su causa mantener a salvo la coartada del vigilante, no era absolutamente necesario.
-La verdad es que no lo sé, el edificio ha de estar repleto de cámaras de vigilancia, teléfonos, micrófonos, debemos de suponer todo eso como un riesgo inmediato; deberán disculparme, pero tomando esto en cuenta y dado que sus datos de civil son conocidos por la organización, corté la línea telefónica y desactivé la red inalámbrica antes de entrar, y para no correr riesgos con sus transmisores y celulares, traje conmigo un inhibidor de señal.- ambos héroes soltaron una expresión de sorpresa al percatarse lo bien preparado y meticuloso que era el Juez, asintieron un tanto nerviosos al pensar en la gravedad del asunto y continuaron.- Con lo que me han contado sobre el mensaje de Vaako ayer, atando cabos sueltos y llegando a la conclusión más obvia, me lleva a pensar que no sólo pueden enviar transmisiones, sino que también pueden transmitirlas...- decía un poco pensativo de esto último.
-¡¿Podrían hacer eso?! ¿Transmitir desde los servidores de Hero TV?- preguntó alarmado el tigre.
-Es una idea que me acabo de formular, pero ya que Barnaby esté ahí puede investigarlo, y si es así… bueno, será muy alarmante, pero tendrás más razones para intentar cortar el flujo de comunicación, si es que sirve de algo.- dijo el peliblanco con una expresión sumamente amarga dibujada en su rostro.- Yo tengo que marcharme, intentaré seguir en contacto con ustedes para mantenernos al tanto de lo que pase en ambos lados ¿De acuerdo?- dijo para finalizar, agradeció la bebida y tomó su maletín, cuando estuvo a punto de irse, notó la mirada tan ansiosa y desesperada del veterano.- Escucha, Kotetsu… así me cueste la vida, nadie le tocará ni un solo cabello, te lo garantizo. Confía en que yo haré mi parte, pero ustedes tendrán que hacer la suya, sino todo esto se irá al infierno.- el juez posó una de sus manos sobre el hombro del moreno, quien alzó la mirada aferrando su esperanza a las palabras de Yuri y asintió con el ceño fruncido.
-Gracias… de verdad.- el vigilante nocturno asintió y se marchó sin más de la propiedad.

Yuri salió de la casa de Kotetsu T. Kaburagi, caminó un par de cuadras en dirección a su oficina a paso calmado pero tenía la impresión de que algo no iba del todo bien, sentía como si algo estuviera acechándolo; dobló hacia un callejón estrecho por donde casi no circulaba la gente, y menos particularmente aquel presente día. Caminó hasta la mitad de la longitud de la pequeña callejuela y se frenó en seco. Volteó hacia su derecha, viendo con el alcance de su periferia hacia atrás y se percató de una figura encapuchada a unos diez metros de él.
-¿Alguna razón en particular por la cual estés siguiéndome?- preguntó en la misma posición, con un tono de voz amable pero frío; el hombre se quitó la capucha que lo cubría revelando su rostro.
-Visitando enemigos… ¿o amigos tal vez, Petrov?-
-No te hagas ideas raras, Jason.- espetó el vigilante con desdén.
-Al Maestro le encantará saber que uno de sus principales protegidos lo traiciona, o lo que es mejor… su mejor amigo.-
……………………………………………………………………………

-¿Y si su causa no es tan mala? Tal vez sólo la estemos satanizando…- decía la joven Lyle, con el rostro carente de expresión y la mirada perdida en una copa de vino.
-Cállate, Karina…- bramó Nathan molesto, mientras el brazo de Antonio le abrazaba y éste daba un brusco sorbo a un tarro de cerveza.
-¡Mi familia es humana y la tuya también! ¡No digas esas cosas!- exclamó PaoLin evidentemente ofendida por el comentario de su compañera.
-¿Qué puedo decir? Las decepciones que me he llevado siempre han venido de humanos, tal vez sí está en su naturaleza ser traicioneros…- decía Ryan con la expresión más fría y seca que se le había visto hasta el momento, estaba profundamente decepcionado y hasta podría decirse, rendido ante las circunstancias.
Los ocho héroes se encontraban en la mansión Goldsmith-Kjolsrud,  todos reunidos en los sillones del jardín, en lo que había sido la sala VIP el día del primer ataque de Frank Martínez y Jason Keyes; bebían y charlaban, pero en realidad se habían reunido para distraerse de los eventos recientes, ya no habían intenciones de luchar… los héroes se sentían sobrellevados por el enemigo y resignados a lo que éste les había dictado como destino.
-¿Te estás escuchando, Ryan?- preguntó Anaksha molesta, el rubio la volteó a ver con una leve expresión de sorpresa.- Kaede está arriesgando su vida dentro de las filas enemigas… ¿y ustedes se atreven a fraternizar con su causa?- su penetrante mirada se dirigió hacia Blue Rose y hacia su compañero de vida, sus ojos violetas desprendieron tan gélida expresión que puso a ambos particularmente incómodos.
-Annie… Kaede es NEXT.- dijo él.
-¿Y qué con eso?- refunfuñó la semi pelirroja.
-Ella es NEXT, nosotros somos NEXT, Ouroboros son NEXT… independientemente de las causas de cada quién, somos fieles a nuestra especie, los humanos se traicionan entre ellos mientras nosotros sólo queremos preservarnos… tal vez es porque hemos sentido su rechazo y por eso nos unimos cuando se necesita, pero ellos no lo hacen, no darían sus vidas por nosotros como nosotros por ellos.- admitió Karina con la mirada baja, diciendo con pesadez de una vez por todas lo que sentía.
-¿Y por esa minoría de personas van a dejar que millones paguen el precio?- la voz de Kotetsu retumbó por las paredes que delimitaban el jardín y el cuarto privado de éste.- ¿Por eso van a dejar que asesinen a toda una especie y a nosotros de paso? Nuestras familias son humanas, esos seres queridos que nos apoyaron y alentaron a no temer a nuestros poderes… ¿y las van a dejar morir? No es nada diferente a que vayan a asesinarlos justo ahora con sus propias manos.- estaba furibundo por todo lo que acababa de escuchar.
-¡Tiger…!- exclamó Ivan con un sentimiento de tristeza e incomodidad al escuchar aquello, rompiendo el silencio que hasta ahora había mantenido.
-De verdad, no me cabe en la cabeza como mi hija, mi pequeña hija haya decidido no rendirse ante esta amenaza, y ustedes héroes de la Primera Liga de Sternbild, arrojaron la toalla de la manera más hipócrita posible. Y ya que les encanta segregarse de los humanos, lo pondré en estos términos: ni Ouroboros ni la Brigada 731 se detendrán hasta exterminar al último humano de la tierra o NEXT rezagado, así que si no van a levantarse por la estirpe de sus familias, háganlo por la suya propia, cobardes.-

Definitivamente Kotetsu no era una persona que se caracterizara por tener un mal genio o ser volátil en ese aspecto, pero la actitud del resto de los proclamados “salvaguardas de Sternbild” le hacía hervir la sangre, que estuvieran rindiéndose de la manera más descarada no lo terminaba de procesar su sentido común.
Ryan se levantó de golpe, una expresión rígida se apoderó de su rostro luciendo terriblemente ofendido.
-No me importa más nada y no tienes derecho a recriminarme por eso. Ellos siempre esperan que uno venga a salvarles el trasero… ¡¿y a nosotros quién nos lo cuida?!-
-Es una responsabilidad que decidimos cargar cuando descubrimos… más bien, cuando aceptamos ser seres NEXTs.- dijo Kotetsu con recelo en sus palabras.
-¡No empieces con ese discurso otra vez! Luchando o rindiéndonos, aun así tanto ellos como nosotros vamos a morir. Ya verás que cuando empiece la crisis, los humanos se van a matar unos a los otros para pasarse por encima intentando sobrevivir. Yo prefiero pasar los días que me queden en compañía de mi novia y de los que realmente me importan.- la mirada del rubio era desafiante.
-¡No tiene por qué ser así, Ryan! ¡Levántate y pelea!- los puños del veterano se apretaban, su voz soñó ronca y gutural y su expresión, como en contadas ocasiones, era de dar miedo. Goldsmith arqueó una ceja aún más desafiante que antes y una pequeña sonrisa altanera se dibujó en sus labios, se acercó al tigre para que éste notara la superior altura del Príncipe de la Gravedad como provocación; un metro y ochenta centímetros del moreno contra los casi dos metros del rubio.
-Ya estoy levantado, viejo...-

Kotetsu no supo decir con claridad si Ryan se habría tomado esa pregunta de manera literal o él mismo aquella respuesta como un permiso para descargar su furia de la manera más práctica, aunque hubiese sido de otra forma, ya no tenía caso pensar en ello; nada más al terminar de hablar el rubio, el puño diestro de Kotetsu se estrelló contra el lado izquierdo de la cara del Príncipe de la Gravedad. El rubio se tambaleó un poco y cayó sobre una rodilla, levantó su furibunda mirada y se impulsó desde su posición para cargar contra el tigre, tacleándolo en una agresiva lanza sobre la boca del estómago; se colocó sobre de él queriendo inmovilizarlo con sus piernas, pero el veterano tenía experiencia en combate cercano, tantos años no habían sido en vano; cuando Ryan quiso asestarle un golpe con la zurda, Kotetsu volteó aplicando fuerza en el centro del abdomen haciendo que el rubio perdiera el equilibrio y cayera de costado. El veterano pudo invertir los papeles y antes de que Ryan se incorporara le dio un fuerte golpe con el puño en el lado contrario de la cara, cuando el rubio se cubrió el rostro con sus antebrazos, levantó con gran agilidad una de sus largas piernas hasta quedar a la altura del cuello de Kotetsu y tumbarlo con un doloroso tijeretazo sobre el suelo.
-¡Se van a asesinar!- exclamó PaoLin con un poco de disgusto mezclado con preocupación.
-¿No deberíamos detenerlos?- preguntó Karina ya intranquila.
-Quizás…- dijo Antonio, mirando la escena con indiferencia a la vez que seguía bebiendo de su tarro, buscó con la mirada a los demás para cerciorarse que su aparente indecisión fuera esclarecida; Annie estaba recargada en un pilar, observando la escena con una expresión indiferente.
-No, me parece que esto es lo que les hace falta… pero tengo que preguntarles algo.- se volvió a mirar a los presentes y éstos a ella (a excepción de los dos tercios del Apollon Trio quienes seguían enmarañados en su conflicto).- ¿De verdad se van a rendir? Ellos dos tienen razón: nadie vela por nosotros, pero fue algo que aceptamos al tomar este trabajo. ¿Nos vamos a retirar sin dar pelea? Porque aunque el riesgo de morir está muy presente, si mi vida está destinada a terminar así, me voy a llevar a unos cuantos Ouroboros conmigo… no voy a morir como una cobarde.-


-Si eso es lo que el destino tiene para nosotros…- empezó a decir Ivan rompiendo los incómodos minutos de silencio con una sonrisa triste.
-… entonces lo tomaré con gusto.- continuó Keith, con la misma expresión aunque un poco más entusiasta.
-¡Por mi familia! ¡Por ella juro que no me daré por vencida!- decía PaoLin al ponerse de pie, dejando ver una amplia sonrisa que inspiró a los demás; era verdad, tanto ella como Kaede eran prácticamente unas niñas que estaban conscientes del peligro de las circunstancias y a sabiendas de ello, estaban dispuestas a arriesgar su vida, luchar por la causa e inclusive morir por ella. Eso era increíblemente valeroso y los héroes sintieron un poco de vergüenza al haberse tardado en verlo.
Ryan y Kotetsu estaban tirados entre una maraña de brazos y piernas sobre el pasto del jardín, sosteniendo las camisas del otro apunto de asestarse otro golpe cuando se detuvieron en seco; ambos estaban con el rostro hinchado, Ryan tenía el ojo izquierdo morado y el labio inferior partido, Kotetsu tenía la nariz sangrándole y el ojo derecho inflamado al punto de ya no poder ver. Ryan suspiró pesadamente, soltó la camisa del tigre para sostener su propio rostro y ocultar una pequeña lágrima que se escapaba de su ventana derecha, bajó la mirada y habló con voz tenue:
-Tengo… tengo miedo, Kotetsu. No supe qué hacer… quiero ser su fortaleza, me enferma la idea de que le quiten la vida… siento que me voy derrumbando.- dijo mientras volteaba a ver con melancolía a la Leona Siniestra, ella no se percató de los ojos que la veían con tanto cariño.
-¿Así que no sólo fue lo de Agnes lo que te molestó?- preguntó el veterano en un tono más reconfortante a la vez que el rubio lo miraba a los ojos.
-Me decepcioné muchísimo, amigo. Se supone que ella es quien cuida nuestro pellejo y no confía en nosotros, sé que lo hizo para protegernos a su modo, pero… ¿es que acaso piensa que no me puedo cuidar yo solo? Cuando somos nosotros quienes estamos a cargo de las vidas de toda esta gente… La información que se guardó aquel día de la fiesta nos pudo haber costado la vida a todos.-
-No la excuso, pero ella tampoco la ha tenido fácil durante su vida y la experiencia le enseñó que, si bien se puede salvar a alguien diciendo la verdad, también se le puede proteger ocultándola, aunque no sea la manera más correcta de hacerlo… ella es digna de toda mi confianza, y si ya no confías en ella, confía en mi.-
-No lo sé, Kotetsu…- el rubio meneó la cabeza no sabiendo qué decir.
-No nos abandones, Ry… Annie está comprometida a esto y muy probablemente sea mi culpa por haberlos involucrado; a quien deberías de odiar es a mí por meterlos a una guerra que al principio no era suya, pero por favor… te necesito.-
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-¡Barnaby! ¡Qué bueno que llegas!- exclamó Agnes con un poco de alivio, su rostro estaba ojeroso y cansado.- Los ingenieros han descubierto un par de cosas bastante interesantes.- el conejo apenas iba cruzando los torniquetes de la entrada principal cuando Agnes salió de uno de los cuartos de comunicación dispuesto a actualizarlo de la situación.- Resulta que los desgraciados nos han aislado del mundo, no tenemos comunicación alguna…-
-¿Quieres salir por un cigarrillo?- interrumpió el joven rubio con una expresión calmada y serena, viendo de reojo la cámara de vigilancia en la esquina superior derecha del lugar.
-¿Qué? ¡No! ¡Esto es más importante! Necesito ponerte al tanto de lo que hemos descubierto.- bramó la castaña con molestia.
-Bueno, ya me platicarás aquí afuera, realmente quiero un cigarrillo…- decía Barnaby mientras jalaba del brazo a una muy desconcertada Agnes hacia la puerta contigua del edificio y salieron al callejón que se encontraba en la parte trasera de éste, ahí en donde Bunny sabía muy bien que no había ninguna cámara.
Hizo que Agnes pasara por delante de él y justo cuando se volteó para preguntarle qué demonios pasaba, el conejo le puso una de sus largas manos en la boca mientras con la otra hacía un ademán de silencio; la castaña (dadas sus experiencias previas) se hubiera desmayado del miedo ante esto sino hubiera sido porque los ojos verdes del hombre le transmitían mucha tranquilidad y confianza. Retiró la palma de la boca de Agnes y despojó de la mano de la fémina su teléfono celular, después, él mismo se quitó el brazalete intercomunicador de la muñeca, abrió la pesada puerta que antes habían atravesado y arrojó ambos dispositivos al interior.
-Tú ni siquiera fumas, Barnaby. ¿Qué fue todo eso?- bufó molesta.
-¿Recuerdas que te habíamos comentado que Lunatic estaba en nuestro bando? Nos trajo información que debería de preocuparnos bastante más.-
-¿Más que el hecho que nos tengan aislados del mundo y que absolutamente ninguna transmisión, ni de radio, salga de la ciudad? ¿Más que estén transmitiendo programación desde todas las cadenas televisivas como si se tratase de cualquier otro día? ¿Más que esto haga parecer para el resto del mundo que Sternbild está perfectamente bien y que el hecho de que no haya ningún medio de transporte entrando o saliendo de la ciudad se deba a “mal tiempo del clima” según la información que envían los satélites en órbita? ¿Y más que hagan creer inclusive al mismo gobierno del país que la base militar de Sternbild opera con normalidad?- preguntó la castaña, molesta y sarcástica, el conejo guardó silencio un momento mientras terminaba de procesar las incesantes malas noticias.
-Ahora no lo sé… entonces Lunatic tenía razón al pensar que así como podían interceptar nuestras señales, también podían piratearlas.- Agnes hizo una mueca de confusión a lo que el conejo se extendió en su explicación.- Al parecer hay un NEXT dentro de la Brigada 731 que puede controlar prácticamente cualquier cosa digitalizada, hackear, descifrar códigos… ese tipo de cosas. Cualquier teléfono, cámara, cualquier dispositivo supone un riesgo, podríamos ser escuchados a cada momento.- finalizó. Agnes comenzó a respirar pesadamente, estos sujetos realmente iban a cazarlos con todo.
-Eso explica cómo se continuó la transmisión de ayer… revisamos cómo fue que a pesar de haber cortado toda fuente de energía la transmisión siguió y nos encontramos con que se desvió el soporte de energía directamente a la planta hidroeléctrica de la ciudad; previeron que podíamos cortar el suministro de energía y apagar nuestros servidores, pero desde que inició el espectáculo, la transmisión no se alimentaba de nuestros generadores primarios ni de emergencia sino que consumía poder directamente de la planta. No habría supuesto como eso hubiera sido posible hasta que me dices esto… según los ingenieros, desviar la energía en esas cantidades es posible por un lado a causa del cableado subterráneo, pero prácticamente imposible debido a los firewalls de protección. Eso supondría un hackeo de datos masivo que a una supercomputadora de última generación le llevaría, mínimo, seis días.-
-Supongo que lo hicieron en minutos.-
-Segundos, Barnaby.-
-Ya está. Tienen a Sternbild sitiada, completamente.- Bunny suspiró pesadamente, pero dentro de su cabeza ideaba plan tras plan para intentar derrotar al enemigo, pero se percataba de que cada idea era igual de inútil que la anterior.
-¿Qué podemos hacer de este lado? Porque si intentamos cortar el flujo de comunicación, bien podrían desviar la energía otra vez hacia la planta hidroeléctrica y mantenernos operativos y vigilados. La única manera de desconectar la corriente de la planta a la ciudad es cortando el cableado subterráneo, pero eso requiere días de excavación profunda y mano de obra especializada. No contamos con ese tiempo.- agregó la castaña, con un atisbo de ansiedad desarrollándose en su interior.
-¿Días? ¿Por qué llevaría días?- preguntó el héroe con desesperación.
-Debido a la arquitectura en niveles de la ciudad, no se puede hacer un agujero en el suelo nada más. Si tocan un punto sensible de equilibrio, la ciudad entera se puede venir abajo.- dijo Joubert un poco exasperada, el conejo soltó un pesado suspiro y pensó en alguna otra cosa que pudiera ser de utilidad.
-¿Tienes información personal de la Brigada o de Vaako Kovalevskaya? ¿Algo de donde podamos iniciar?-
-Nada. Pienso que su maldito hacker borró todos los registros antes de que todo esto siquiera iniciara. Ya lo tenían perfectamente calculado, Barnaby.- dijo Agnes, quebrándosele la voz al final. Se sentía impotente ante el implacable enemigo.
-Se me acaban las opciones…- replicó el conejo en un tono bajo y gutural, pensando en cada posibilidad que se podía plantear, pero Mary Rose lo sacó de aquel pensamiento, azotando la pesada puerta al abrirla con desespero. La chica estaba pálida y jadeando, buscó con la mirada a su jefa y al héroe por el callejón y con el horror que de su garganta emanaba y la falta de aire, sólo se le pudo escuchar parte de lo que decía.
-… hicieron… -
-¿Mary Rose?- preguntó el conejo desconcertado.
-Rose… ¿qué sucede?- Agnes se acercó a la chica, quien nada más al sentir los brazos de su jefa, se desvaneció sobre ellos.- ¡Rose!- una rápida revisión de Barnaby, haciendo uso de sus conocimientos básicos de primeros auxilios, determinó que la chica estaba en estado catatónico, seguramente causado por la impresión o sorpresa de algo.
La chica señaló al final del callejón donde desembocaba a una vía pública peatonal y terminó de desmayarse, Barnaby la cargó dentro del edificio y salió a buena velocidad junto con Agnes a ver qué era lo que había puesto a Mary en semejante estado.

De nuevo había pasado.

La Brigada 731 lo había cumplido.